Hoy se conmemoran 230 años del natalicio de Andrés Bello

Andrés Bello fue mucho más que el maestro de Simón Bolívar. Filósofo, poeta, educador, jurista, humanista, filólogo, diplomático, héroe ignorado de la Independencia. Como diría Luis Alberto Crespo, sus armas fueron otras: las del libro y la escritura. Y hoy, a 230 años de su natalicio, el legado del venezolano continua vigente.

Autor de obras como Silva a la agricultura de la Zona Tórrida o Alocución a la poesía, Bello dejó una huella por allá donde pasó. “Todo lo que sabemos de él se basa en que fue el maestro de Bolívar. Pero él fue el Libertador intelectual de América, sembró educación en el continente”, había dicho Crespo, director de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, que durante todo el mes de noviembre organizó un homenaje al también ensayista.

Bello fue diferente desde siempre. Ya lo reseñó José Antonio Escalona en la biografía didáctica que hizo sobre el intelectual patrio: no era un niño apasionado por los juegos callejeros. Prefería leer en vez de jugar. Un día, tras una amonestación de su madre por retrasarse a la hora de la comida, respondió: “Recuerda, mamá, que mi cerebro necesita más alimento que mi estómago”.

Y así fue toda su vida. Un hombre preocupado por el saber. “Bello fue un venezolano muy importante, el primer gran humanista de América. Aunque no vivió mucho tiempo en el país. Si vas a Chile, donde tuvo una figuración pública, todo el mundo sabe quién es”, dijo Luis Barrera Linares, vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua.

Y aunque en su país natal no es un ignoto, tanto Barrera Linares como Crespo aseguran que el caraqueño no tiene el reconocimiento que debería. “No es tan popular como otros escritores. Más desconocida es su obra que su nombre”, explicó el miembro de la Academia. Su colega fue más enfático: “Quizás sea arriesgado decirlo, pero es necesario que hasta el campesino sepa quién fue”.

La obra de Bello, que mañana será reeditada por la fundación que lleva su nombre, tiene piezas fundamentales. “Su poesía fue importante; sus estudios gramaticales, aunque no son para el gran público, tuvieron reconocimientos. Intenta elaborar la arquitectura de la lengua para el momento que la escribe”, explicó Barrera.

Claro está, la obra de Bello no se limita sólo a la literatura. “Su pensamiento se despliega en una serie de saberes y disciplinas que van desde la lengua hasta la cosmografía. Todo lo que quepa en ese enorme aspecto llama su atención. Escribió sobre todo ello”, resumió Francisco Javier Pérez, presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, que agregó otro aspecto: “El tema civil fue muy importante. En tiempos de desajustes militares, se obstina en hablar de los derechos”.

Así, el día que Bello murió (15-10-1865), Ignacio Domeyko -ex rector de la Universidad de Chile- dijo: “Al borde de esta tumba no es dado enumerar fríamente los inmensos méritos de Bello, que si pudiéramos recordarlos todos, dudaría la razón que, en una sola vida, un hombre pudiera saber tanto, hacer tanto y amar tanto”.

Fuente: eluniversla.com

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