El Joropo- Entrega Final

El maestro mirandino Fulgencio Aquino, quien fue gran arpista y destacado creador de pasajes, golpes y revueltas, es considerado la máxima referencia del joropo central. Entre los intérpretes más distinguidos del joropo llanero están el bandolista barinés Anselmo López y el arpista apureño Ignacio Indio Figueredo, fallecido en 1995 y autor, entre otros, del célebre pasaje María Laya: “Salí para el bajo Apure, / ¡ay!, bajo Apure en una potranca baya. / Tan sólo por conocer, / ¡ay! conocer a la india María Laya”.

En el oriente de Venezuela se habla tanto de joropo como de una variante muy popular que nació en Sucre, propicia para el baile y la improvisación, conocida como joropo con estribillo o bien golpe y estribillo. Ésta hace uso de la improvisación, la repetición y posee gran riqueza rítmica, con la particularidad de que el estribillo puede hacerse independiente del joropo. El joropo oriental es elegante en su bailar, las parejas “no levantan polvo” y en lugar de zapatear se deslizan sin alzar los pies, girando sobre sí mismos y simultáneamente en torno a toda la sala. En su interpretación el músico emplea el bandolín, la bandola (de ocho cuerdas) o la cuereta con el acompañamiento del cuatro, las maracas, la marímbola, la caja y la tambora (cuando se trata del joropo con estribillo).

José Julián Villafranca es uno de los grandes maestros en la interpretación del estribillo cotorriao; mientras Perucho Cova se ha destacado como ejecutante de la cuereta, el acordeón oriental, y Cruz Quinal  fue considerado Rey del Bandolín y gran cantor de joropo con estribillo. Un tema de joropo oriental muy popular es “Pajarillo verde”: “Pajarillo verde cómo no quieres que llore / pajarillo verde cómo no voy a llorar, / ay, ay, ay, ay si una sola vida tengo / pajarillo verde y me la quieren quitar”.

En la región centro-occidental el joropo adquirió una forma particular denominada golpe larense o golpe tocuyano. Forma musical que los hijos de El Tocuyo defienden como suya, a veces con ardiente celo y seguramente porque son quienes más la cultivan, además de considerarla originaria de su región por aquello de que El Tocuyo fue “ciudad madre de ciudades”. Esta actitud ha llevado a que genéricamente tienda a hablarse más bien de golpe tocuyano antes que de larense, aunque entre ambos sólo haya una diferencia de carácter más que de forma.

El golpe se puede ejecutar en cualquier momento del año, sea para animar una fiesta familiar como para acompañar una celebración popular de la tradición local. Su característica fundamental es el canto a dúo —donde cada primo o tenor va con su tercera—, estilo único en el país. En el golpe se acostumbra el uso de un pequeño estribillo, de donde deriva normalmente el nombre de la pieza, después del cual se inicia un interludio musical al que siguen las coplas en cuartetas octosílabas, muchas veces improvisadas. Para la interpretación del golpe, el larense dispone de toda una familia de instrumentos de cuerdas: cuatro, cinco y seis larenses, junto con las maracas y la tambora, que producen una sonoridad particular y única, de amplio registro y volumen orquestal. También se pueden encontrar en la región joropos instrumentales interpretados con violín como instrumento solista.

En Venezuela hay más de 50 agrupaciones formales de golperos, entre otros Don Pío y su Conjunto, Los Golperos de El Tocuyo, e incluso una conformada sólo por mujeres: Expresión Morandina. Entre los compositores de golpe de mayor renombre están: Juan González “el de la garganta llena de margaritá”, Chemaría Jiménez, Pío Rafael Alvarado, Trino Carrasco, Juan Ramón Barrios, Pompilio Peralta, Adelis Fréitez y Pablo Rodríguez, cariñosamente apodado La Ñema, considerado el golpero mayor. Un golpe emblemático es el “Golpe tocuyano”, una pieza que consta de una recopilación de letras de distintos autores realizada por Ernesto Torrealba y que fue cantada por Adilia Castillo en La Habana, en 1958. Su letra dice: “A mundo Barquisimeto / dice un barquisimetano / yo digo a mundo El Tocuyo / porque yo soy tocuyano”.

En la interpretación del joropo oriental se emplea el bandolín, la bandola de ocho cuerdas o la cuereta, con acompañamiento de cuatro, maracas, marímbola, caja y tambora. José Julián Villafranca, quinteto Montes, estado Sucre.     Fotografía: Nelson Garrido. Fundación Bigott.

En la región de Guayana se encuentra la variante menos difundida del país, se trata de un joropo que reúne elementos del joropo oriental y de los llanos y que es interpretado con bandola —de ocho cuerdas de acero—, cuatro y maracas. Entre las distintas formas de este joropo se tiene: la burra, que es un estribillo callejero por modo mayor; el mocho Hernández, que equivale a la periquera llanera; el seis guayanés, que no tiene una letra fija y posee gran fuerza rítmica; la josa, que equivale al corrío llanero en modo menor y es interpretado por un solista y un coro, y el golpe patricio, similar al gabán llanero. En el decir popular el joropo de Guayana se baila trapiao o yuquiao, y en él tiene tanto protagonismo la mujer como el hombre. Dice la josa: “A las orillas de un río / y a la sombra de un laurel / me acordé de ti, amor mío, / viendo las aguas correr”.

En el decir popular, el joropo de Guayana se baila trapiao o yuquiao, y tiene tanto protagonismo la mujer como el hombre. Familias Pantoja y Hurtado bailando joropo en la casa de San Isidro, estado Bolívar.     Fotografía: Nelson Garrido. Fundación Bigott.

En la región de los Andes también se baila joropo y en ella se han difundido golpes y corridos llaneros, algunos de los cuales adquirieron nuevo nombre. Así ocurrió con el Nuevo Callao que en el estado Táchira se convirtió en macallao, considerado como el auténtico joropo andino, pieza muy alegre, bailable y propicia para la improvisación. Otro es La perrabaya, con ritmo de vals-pasaje, que también se presta a la improvisación y el contrapunteo, y consta de una sola parte de 16 compases. La letra original cuenta la historia de una perra cazadora hija de un perro bravo. Un aire de joropo muy propio de esta región es el sancocho, que en Táchira se interpreta alrededor de una suculenta olla en reunión con los amigos. Esta pieza tiene una primera parte de ocho compases a manera de introducción y una segunda de 16 a manera de estribillo. En el Táchira decir “¡vamos a bailar sancocho!” es equivalente a “¡vamos a bailar joropo!”.

“El joropo es una forma tradicional de música y baile que identifica plenamente a los venezolanos. Mattel, a través de esta versión de su famosa muñeca, busca difundir en las más pequeñas el conocimiento, la práctica y el disfrute de las tradiciones artísticas más relevantes de su cultura, a la vez que se refuerzan los valores nacionales”, señaló Pablo Espinosa, Director de Marketing Regional de Mattel.

De esta manera, la nueva edición de Barbie®, vestida con la típica camisa con faralaos y falda amplia, permitirá experimentar las tradiciones musicales a través del juego, a temprana edad y de una forma divertida.

Periodista/redactor: Francisco Albornoz, Iconos de Venezuela

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