Natalicio de Armando Reverón

“…En Macuto perdura el milagro de un mundo inventado, el refugio paradisíaco del Robinson Crusoe de la pintura”. Con estas palabras describió el cineasta español Carlos Saura al Castillete en 1992, en ocasión de la exposición antológica de Armando Reverón en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Un 10 de mayo de 1889 vino al mundo este creador que marcó un hito en la pintura. Paradigma del color y la luz, estudió en la Academia de Bellas Artes de Caracas, Venezuela, posteriormente traspasó fronteras académicas formándose igualmente en España y Francia. Al regresar a su país natal en 1921, se radicó en Macuto, estado Vargas, donde desarrolló gran parte de su obra.

Gran parte de su infancia transcurrió en Valencia. Allí realizó también sus primeros dibujos. A los 13 años contrajo la fiebre tifoidea, enfermedad que según muchos estudios lo afectaría psíquicamente para el resto de su vida.

Regresó a Caracas a los 15 años, e ingresó en la Academia de Bellas Artes. Se entregó con intensidad a estudiar y obtuvo, con la municipalidad de Caracas, una beca para realizar estudios en España.

En los carnavales de 1918, conoció en La Guaira a Juana Ríos. A partir de entonces Juanita, que contaba con 14 años de edad, sería modelo y compañera para el resto de su vida. Vivió períodos breves en Punta de Mulatos, La Guaira, y en El Valle de Caracas, donde pintó La Cueva en 1921. Finalmente, decidió trasladarse definitivamente a Macuto. Allí organizó su casa-taller, El Castillete, un ambiente poblado de plantas y animales que se convirtió para Reverón en un espacio vital, donde se confundía el arte con la vida y lo cotidiano con lo trascendente.

Lo que más se conoce de Reverón son sus excentricidades, quizá más que su misma obra; sin embargo, no pudiera separarse un aspecto del otro, y es que en esencia eso fue, es y seguirá siendo Reverón: la humildad de un castillete convertido en teatro; muñecas como modelos; monos disfrazados marcando trazos sobre el lienzo; un hombre semi desnudo en la playa, con los pantalones fuertemente ajustados a la cintura, seducido por el resplandor de la luz; un genio sumido en la miseria, y alzado en los brazos de la gloria luego de su muerte el 18 de septiembre de 1954.

Colocando el país que somos en el lugar que todos queremos.

Periodista/redactor: Francisco Albornoz, Iconos de Venezuela

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