Pedro Emilio Coll, Promotor del Modernismo Literario Venezolano

El 12 de julio de 1872 nace en Caracas el escritor y periodista Pedro Emilio Coll, fruto del matrimonio entre Pedro Coll Otero y Emilia Núñez Márquez. Desde muy joven tuvo contacto con escritores importantes de la época, ya que su padre era propietario de la Imprenta Bolívar.

A los 22 años fundó junto con Luis M. Urbaneja Archepohl y Pedro César Domínici la revista “Cosmópolis” (1894-1895), que está considerada como la publicación que inicia el movimiento modernista en la literatura venezolana.

También fue colaborador de “El Cojo Ilustrado” donde publicó muchos de sus cuentos, entre ellos El Diente Roto, considerado como un clásico del género.

Como casi todos los escritores venezolanos de su generación, halló en la carrera diplomática un alivio económico y un método seguro para viajar fuera del país y entrar en contacto con la cultura europea. Recién casado con Paulita Borges Delgado, en 1897 partió al Reino Unido como Cónsul en Southampton, residiendo en Londres y París. En esta ciudad tuvo a su cargo la sección “Letras Hispanoamericanas” de la prestigiosa revista Mercure de France.

Esta pasantía le permitió convertirse en uno de los más conocidos críticos del modernismo hispanoamericano, y su estadía en la capital gala lo llevó a conocer al católico ultraconservador Maurice Barrès. Por otra parte, su contacto con el Reino Unido le permitió descubrir la obra de Oscar Wilde, influencia directa que trasluce su segundo libro de ensayos, El castillo de Elsinor (1901).

De regreso a Venezuela en julio de 1899, aceptó un cargo directivo en el Ministerio de Fomento. Durante la dictadura de Juan Vicente Gómez desempeñó diversas funciones en la administración pública, algunas de relieve, como el Ministerio de Fomento (1913) y la Secretaría de Instrucción Pública. Fue asimismo propuesto y elegido individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua (1911).

A pesar de la guerra en Europa, aceptó representar a Venezuela como cónsul general en París (1915) y secretario de la legación en Madrid (1916-1924). En estos años reanudó su amistad con Rufino Blanco Fombona, quien reeditó sus dos libros en la Editorial América. Una vez más de vuelta en Caracas, en 1923, fue fiscal de bancos y Senador por el Estado Anzoátegui (1924-1926), antes de asumir la Presidencia del Congreso Nacional. En 1927 regresó a Madrid como inspector de consulados y dio a la imprenta otro libro de ensayos, La escondida senda (1927), en el que se aparta de los temas literarios para abordar temas históricos.

De 1925 data la primera edición de su cuento tríptico, Las Divinas Personas, considerado no sólo una de las grandes páginas de la prosa narrativa venezolana, sino como la obra mayor de Coll.

En 1933 volvió a Venezuela, y tres años después recibió el nombramiento de ministro consejero en Washington, aunque no llegó a asumir este cargo. Un último viaje por Europa, de 1935 a 1939, le hace vivir de cerca la guerra civil española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. A su último y definitivo regreso a Venezuela, se dedicó con especial interés a los estudios históricos y trabajó desde 1941 como bibliotecario de la Academia Nacional de la Historia.

La muerte lo sorprendió el 20 de marzo de 1947 cuando se encontraba preparando una selección de su obra para la colección Biblioteca Popular Venezolana del Ministerio de Educación, que apareció un año después de su fallecimiento con el título El paso errante. Algunos de sus artículos y prosas no recogidos por él en el volumen aparecieron en sendas publicaciones póstumas: La colina de los sueños (1959) y La vida literaria (1972).

Colocando el país que somos en el lugar que todos queremos.

Periodista/redactor: Cristina Guerrero, Iconos de Venezuela
@iconosvenezuela

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