GRACIAS, NAOMI

Reuben Morales

Reuben Morales

Recuerdo que hace unos años tuve la oportunidad de conocer a la atleta olímpica venezolana Naomi Soazo. Todo se dio debido a que fue una de las personalidades invitadas para ser payaso de hospital por un día en Doctor Yaso, organización de la cual soy voluntario. El objetivo era que ella apareciera en el calendario de ese año con su nariz roja, bata de colores y un niño hospitalizado que estaría riendo gracias a que ella, amabilísimamente, se prestó para hacerlo reír –lo que en efecto quedó registrado en el calendario de ese año.

Ni tenía idea de quién era, pero ese día mis compañeros me explicaron que fue la yudoca ganadora de la medalla de oro en las olimpiadas paralímpicas de Beijing 2008. Aunque a simple vista no parecía tener defecto físico, ella misma nos habló de sus discapacidades visuales, las cuales no le permiten estar en las olimpíadas tradicionales. Me bastó escuchar eso para sentirme importante. “¡Hoy visito en el mismo hospital con semejante personalidad!”, pensaba. Sinceramente me motivó ver lo dulce y amable de su trato, lo cual hizo que de inmediato sintiera admiración por ella. “Es impresionante cómo una persona que vive de pelear con otros puede a la vez ser tan apacible, armónica y generosa”, reflexionaba. Al final del día agradecí conocer a una persona así y con semejantes méritos.

Naomi Soazo

Pasan los años y llega la fatídica cadena nacional del 12 de febrero de este año. Tras un día de protestas, confusiones, asesinatos, encarcelamientos y mucha represión policial (que lamentablemente no terminaba de asombrarme por lo reiterativo que se ha vuelto esto en Venezuela) llega la nocturna “celebración” oficial del Día de La Juventud. Lo lúgubre de la noche, me timbró. El desfile de soldados y camiones con misiles antiaéreos en medio de la oscuridad, me timbró. La semejanza con desfiles norcoreanos o soviéticos, me timbró. Florentino Primera mostrándose abiertamente chavista, me timbró. El llamado de Nicolás a la paz, pero eliminando cualquier grupo fascista, me timbró. Ver a Naomi Soazo vistiendo la chaqueta de las selecciones deportivas nacionales mientras cargaba un fusil en la mano, me quebró el alma. Me paralicé. Sin aliento. Con el cosquilleo de mis glándulas lagrimales activándose, pero sin llorar.

Naomi, mi misión aquí no es convencerte de algo. Si creo en la democracia y en la pluralidad, creo en el respeto que te debo tener si decidiste apoyar un mensaje televisivo de amenaza abierta a quien no estuviera con la revolución. No comparto la aparente radicalidad de tu postura ni nuestro sistema actual de justicia, que te permite sujetar un fusil en cadena nacional sin que eso acarree consecuencias legales en tu contra. A pesar de eso, nuevamente te agradezco. Ahora me sorprende aún más cómo alguien que ha hecho llamados públicos por la paz, siendo tan apacible y armónica en su trato cotidiano, ya no solo vive de pelear deportivamente sino ahora, de agarrar un fusil. Es una admirable lección de autocontrol, serenidad personal y equilibrio en una misma persona. Sin embargo, por lo que más te quiero dar las gracias es porque esa toma que hicieron de ti en la cadena me esclareció todo. Gracias a ti me ahorré un largo análisis politológico para entender que la nueva fase de la revolución es la de aplastar al contrario a como dé lugar.

Sé que tienes la capacidad de aplastarnos como bien aplastas magistralmente a tus oponentes yudocas. Sé que tienes la capacidad de quitarnos la vida, pues ahora tienes un fusil en la mano. No obstante, también sé que tienes la capacidad de hacer reír a un niño hospitalizado, de hacer más felices a quienes lo acompañan en la habitación y de hacer que quienes fuimos tus compañeros por ese día, nos hayamos sentido orgullosos por las cosas tan bonitas que también sabes hacer. No lo olvides.

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