8 DE MARZO: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

LEMA 2012:  HABILITAR A LA MUJER CAMPESINA -ACABAR CON EL HAMBRE Y LA POBREZA

En reconocimiento de su papel fundamental y su contribución en todos los países del mundo la ONU dedica este año el Día Internacional de la Mujer a la mujer campesina, con el plan de acción:  “Invirtiendo en las mujeres rurales; eliminando la discriminación de que son objeto en la legislación y en la práctica; asegurando que las políticas respondan a sus necesidades; brindándoles acceso en pie de igualdad a los recursos y proporcionándoles una función que desempeñar en la adopción de decisiones” (Secretario General ONU, Ban Ki-moon)

Las mujeres agricultoras representan un papel fundamental en las economías tanto de los países en desarrollo como de los desarrollados, pues contribuyen al progreso agrícola, mejoran la seguridad alimentaria y ayudan a reducir los niveles de pobreza en sus comunidades.

Estas mujeres constituyen el 43% de la mano de obra en el campo, cifra que llega a ser del 70% en algunos lugares.

La desigualdad entre los géneros y el acceso limitado al crédito, la salud y la educación son las principales dificultades que afrontan las mujeres rurales. Se calcula, por ejemplo, que el 60% de las personas con hambre crónica son mujeres y niñas. La crisis alimentaria y la económica, junto con el cambio climático, no hacen más que agravar la situación.

Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que si las mujeres tuvieran un acceso equitativo a los fertilizantes, las semillas y las herramientas, la cantidad de personas hambrientas en el mundo se reduciría entre 100 y 150 millones.

Brecha de género

Las mujeres agricultoras producen menos que sus homólogos varones, pero no porque sean menos eficientes. Una gran cantidad de datos empíricos muestran que la diferencia de productividad entre los agricultores de sexo masculino y femenino se debe a diferencias en el uso de insumos.

El cierre de la brecha de género en la agricultura generaría beneficios considerables para el sector agrícola y la sociedad. Si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres podrían incrementar el rendimiento de sus explotaciones agrícolas en un 20-30 %. De este modo, la producción agrícola total en los países en desarrollo podría aumentar en un 2,5-4 %. Un aumento de la producción de este calibre permitiría reducir el número de personas hambrientas en el mundo entre un 12 y un 17 %.

Los posibles beneficios variarían según la región en función de cuántas mujeres se dedican actualmente a la agricultura, cuánta producción o tierras controlan y la amplitud de la brecha de género a la que se enfrentan. Estos aumentos potenciales de la productividad no son sino la primera serie de beneficios sociales que se derivarían del cierre de la brecha de género. Cuando las mujeres controlan más ingresos, gastan más que los hombres en alimentos, salud, vestido y educación para sus hijos. Ello tiene consecuencias positivas para el bienestar inmediato, así como para la formación de capital humano y el crecimiento económico.

Por sí solo, el cierre de la brecha de género en el ámbito de los insumos agrícolas podría sacar del hambre a entre 100 millones y 150 millones de personas. No existe una pauta concreta para cerrar la brecha de género, pero algunos principios básicos son universales: los gobiernos, la comunidad internacional y la sociedad civil deben trabajar juntos para eliminar las discriminaciones en el ámbito legal, promover la igualdad de acceso a los recursos y oportunidades, garantizar que las políticas y los programas agrícolas tengan en cuenta la dimensión del género, y hacer oír la voz de las mujeres en pie de igualdad en aras del desarrollo sostenible. Lograrlo no solo es justo; también es crucial para el desarrollo agrícola y la seguridad alimentaria.

Fuente: Servicios Informativos Naciones Unidas

Periodista/redactor: Francisco Albornoz, Iconos de Venezuela

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