Legado Indígena en la Historia Venezolana es Recordado por Esteban Mosony

Pasado, vigencia y organización social de los pueblos ancestrales venezolanos son pasajes centrales en el texto Identidad Nacional y Pasado Indígena, de Esteban Emilio Mosonyi, editado por El perro y la Rana dentro en su colección Premio Nacionales de Cultura.

La publicación se propone, desde sus primeras páginas, recorrer las temáticas principales dentro de la obra social del antropólogo y lingüista, nacido en Hungría y radicado en Venezuela, para quien el indígena más que ser humano es la raíz viva de la identidad criolla, desplazada por la invasión eurocentrista a partir de la llegada de Cristóbal Colón, en 1492.

A propósito de la transculturización, el texto parte de la investigación realizada por Mosonyi sobre el problema de la identidad del venezolano y la necesidad de reivindicar el pasado indígena, con el propósito de desdibujar mitos, aciertos y contradicciones ligadas al vínculo vigente entre indígena-venezolano.

“Desmontar el discurso eurocentrista que ha permanecido sobre estos pueblos, llamar la atención sobre valores y aportes a nuestra sociedad en contra de la ignorancia que se tiene en cuanto a su cultura, modos de vida y vestimenta” es el objetivo plasmado en el libro, tomado textualmente de Identidad nacional y culturas populares, publicado en 1982 por Mosonyi.

La primera acusación desmentida por el autor es la supuesta falta de inteligencia de los indígenas, a quienes se trata como tontos por intercambiar oro por espejos con los españoles. “Los cronistas dicen esto sin conocer el simbolismo de la ornamenta en las culturas aborígenes. Por ejemplo, en pueblos como los Caribes utilizaban escasa indumentaria pero abundante adorno corporal, resulta comprensible el por qué los indígenas le otorgaron mayor valor a los espejos que al oro”, argumenta el antropólogo.

Sucede similar con el estereotipo del aborigen flojo y apático para el trabajo. Mosonyi responde que “no se trata de una aversión al trabajo, de nada innato ni de apatía sino de otra distribución al espacio y del tiempo, otra forma de concebir la relación entre las actividades rutinarias y las de recreación y creatividad. Ellos podían dedicarse a otras actividades, porque la naturaleza permitía no solamente la manutención de la comunidad sino hasta cierta abundancia”.

Sobre ambos estereotipos, el autor reseña que el primero se corresponde con la necesidad del venezolano por decorar sus vestimentas, sus casas y demás objetos de uso continúo. Se trata de un legado íntimamente relacionado con la simbología inmersa en los pueblos originarios.

Asimismo, el segundo se estrecha con las maneras de concebir la tierra. Mientras el indígena experimenta una relación maternal, espiritual y de apropiación, el europeo la percibe como un objeto más, sin vida, que debe ser explotado y subordinado a sus necesidades mercantilistas.

Un hecho que aporta vigencia a la teoría propuesta por Mosonyi es la exigencia del pueblo venezolano a que sea devuelta la piedra Kueka a la etnia pemona, ubicada en Santa Elena de Uairén, Estado Bolívar, por su significado ancestral, sin embargo, la solicitud es vista en términos mercantilistas para el Gobierno alemán, que resguarda la pieza desde 1998, cuando autoridades irresponsables, del período presidencial de Rafael Caldera, la entregaron al artista Wolfang Von Schwarzenfeld para un proyecto experimental.

Los argumentos de Mosonyi han sido fundamentales para el pleito legal y simbólico entre ambos intereses. “Ellos no entienden el significado ancestral de la piedra para nuestro pueblo pemón, para ellos es un objeto que debe ser devuelto a través de intercambios comerciales, pero nuestros argumentos podrán más”, ha manifestado el autor en reuniones en las que se han presentado adelantos relacionados con la solicitud a Alemania.

Por otro lado, en su estudio, el lingüista recuerda que al pueblo cumanagoto, asentado en Anzoátegui, se le debe la invención de la arepa de maíz. “Su significado viene de ‘erepa‘ que en vocabularios recogidos por los misioneros significaba alimento, sustento o pan”, reseña Mosonyi.

Debido a la transmisión de saberes de generación en generación, sin permitir innovaciones en el seno de su estructura, las etnias han permitido que hoy en día, sin importar la clase social, la arepa siga siendo el principal alimento para el venezolano.

El autor también recuerda que desde la introducción del capítulo VIII en la Carta Magna del país, el Estado ha garantizado la protección de formas de vida y defensa del territorio ancestral por parte de integrantes de grupos aborígenes.

“Gracias a este derecho fueron retiradas de nuestro territorio las instalaciones de grupos de norteamericanos conocidos como Nuevas Tribus, quienes con el pretexto de evangelizar a nuestros indígenas se autodenominaban sus jefes y así fueron despojándolos de su cultura, sometiéndolos a la explotación en minas”, explica Mosonyi.

El texto estuvo al cuidado de Alejandro Madero, editor de El perro y la Rana, y fue publicado con el propósito de dejar testimonio del quehacer de los creadores venezolanos, galardonados con el premio bianual, otorgado por la Fundación Casa del Artista y el Ministerio para la Cultura

Mosonyi se alzó con la distinción, en 1999, en la categoría de Humanidades, por estudiar a los pueblos indígenas y por defender su cultura, en pro del rescate de la identidad venezolana.

Colocando el país que somos en el lugar que todos queremos.

Periodista/redactor: Cristina Guerrero, Iconos de Venezuela
@iconosvenezuela


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